LA SALVACIÓN
Mientras miraba por la ventana de mi desolada habitación, ví en immenso mar, una espécie de barquito que se aproximaba por el este. A medida que aquel barco se acercaba al puerto, me quedaba más sorprendida. Cuando se encontraba a la altura de mi ventana me impacté ya que, aquella barca se trataba de una patera en la que viajaban desde niños muy pequeños hasta ancianos. Cada uno de ellos permanecía en un espacio limitado de unos tres metros. Me dí cuenta de que se dirigían hacía el puerto en el cual pensaban atracar.
-¡Deteneros!, les grité desde mi ventana.
Ellos que no tenían mucha idea de lo que les ordenaba, permanecieron inmóbiles durante varios segundos. Finalmente, haciéndoles señas conseguí que desembarcaran en la orilla y se dirigieran a buscar un refugio más seguro donde pudieran estar mejor protegidos, y no ser depatriados de nuevo a su país de origen. Recordé entonces, aquella vez que viajé a África y estuve en diferentes lugares donde la pobreza y la miseria abundan en masas. Por eso quisé ayudar a gente que se merece estar en un lugar donde las condiciones de vida son favorables.
Sergio Juarez Sánchez
MELANCOLÍA. Simple y cruda espera de su vuelta. Hace poco seguía soportando mantener las ventanas cerradas, y vislumbrar el mar de enero desde la silla. Ahora, no soporto el reflejo de mi cara. Y la única manera de perderme en el desconcertante azul, es apoyada en el alfeizar.
Pasan los pesados minutos. El “tic-tac” ya no retumba en mis oídos. La marcación del tiempo quedó reducido al tímido compás de mi corazón. Pero tan solo suena el “tic”. EL “tac” quedó anclado en la proa del barco. Los segundos escaparon con la gaviota del mástil, y los días quedaron suspendidos en la vela mayor.
Sí. Es irremediable el suspiro cuando siento la misma presión en el pecho, que la arena al lanzar el ancla. Sí. Los recuerdos siguen siendo fotografías enmarcadas en la bruma de la madrugada. Sí. Mis labios dejaron de tener sentido cuando la ola caprichosa te escogió como compañero. Sí. Echo de menos la tergiversación de la realidad cuando escuchaba los humores del mar desde aquel camarote…
No. No echo en falta tus noches en vela, amante de la espuma. No. No añoro tus faltas y tus prodigios. No. No perdura tu olor en las noches. No… no pretendo ahogar el mar…
La melancolía podría llamarte, y tal vez regresases. Pero el único que sigue ausente, aún acuciado por las mareas y estrépitos de mis angustias,…es mi reflejo.
Cafés fríos y nudos en el pelo, son el preludio de la realidad más cruda.
Laura Lazcorreta Lavallée













