CORTOS DEL ROMANTICISMO
Vuelva usted mañana. Mariano José de Larra
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Vuelva usted mañana es un artículo de Larra que trata de un extranjero que llega a España para unos “intrincados” asuntos de familia que tenía que solucionar. Éste se dirige a una persona a la que le han recomendado, para que le ayude mientras dure su estancia. El extranjero, que se llama Sans-délai (traducido literalmente al castellano como “sin demora”), tenía ya trazado el horario día a día, para hacer todas las visitas necesarias, en quince días. Al oír eso, el anfitrión, al que le pareció un disparate, le respondió que eso sería completamente imposible. Entonces Sans-délai le contestó que sus quince días le parecían hasta demasiados, que habría tiempo hasta de visitar la ciudad. Con su afirmación se encontró con la respuesta de que no marcharía hacia su país en quince meses. El extranjero creyó que estaba exagerando cual español que había oído hablar mal de su país por hacerse superiores a sus conciudadanos.

Al día siguiente fueron a ver a un genealiogista, que ya en sí les costó encontrar, y les dijo que se lo tomasen con calma, y que volvieran dentro de unos días. Al pasar tres días volvieron, y la secretaria les dijo que se pasasen al día siguiente porque el señor aún no se había levantado. Llegaron al día siguiente y otra vez se encontraron sin poder ver al genealogista. Y así les trajo hasta el decimoquinto día, cuando se encontraron con que se confundió de apellido.

Al ver que su estancia duraba tanto, y los encargos que había de hacer, se buscó un traductor, el cual le izo pasar por la misma situación que el genealogista. Así de mañana, en mañana, llegó el fin del mes. Después de todo eso el escribiente tuvo que hacer las copias.

Pero no se quedó aquí, un sastre tardó veinte días en hacerle un frac, y un zapatero le tardó tanto para hacer sus zapatos que tuvo que comprarlos hechos. La planchadora le tardó quince días para plancharse una camisa, etc. Sus conocidos y amigos llegaban tarde a las citas, o simplemente no venían.

Cuando ya tuvo todo, yendo y viniendo días, lo entregó. A los cuatro días volvieron para saber la respuesta, y les respondieron que volviesen al día siguiente, que el oficial de la mesa no había venido. Entonces al dar un paseo se lo encontraron dando una vuelta con su mujer. A la siguiente mañana llegaron y se encontraron con el mismo problema de siempre, estando su señoría sentado leyendo el periódico. Cuando les dio audiencia, tuvieron la mala noticia de que el informe había llegado a manos de un enemigo del francés. El expediente estuvo dos meses para estudiarse, y cuando se les fue entregado les dijeron que no lo habían depositado en la oficina correcta, entonces fue pasado el expediente a la mesa correspondiente. El escrito nunca llegó a la mesa correcta. Entonces se tuvo que hacer otro. Después de hacerlo les dijeron que les faltaban los trámites legales.

El extranjero ya harto de tantas trabas, le pregunta el porqué de tantos problemas al español, y éste le responde que los españoles son realmente unos perezosos, que “no comerán por no llevar la comida a la boca”. Entonces le explica que al ser un extranjero no lo comprenderá, y que cuando llegue el día en que lo entienda, ya se sentirá español, y se volverá como uno de ellos.

Después de todos los problemas que se encontró, ya cansado de España y de su pereza, decide marcharse a su país sin haber acabado su asunto familiar, y sabiendo que todo había sido una pérdida de tiempo espantosa.

 

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